El 20 de julio no es solo el día de la independencia de Colombia.
Es una oportunidad para entender qué significa ser colombiano y cómo esa identidad influye en la relación con las marcas.
Un reciente estudio de Kantar revela que la colombianidad no es homogénea, sino una combinación de valores compartidos y diferencias regionales que marcan el comportamiento del consumidor colombiano.
La tensión cultural del colombiano
Según Kantar, el consumidor colombiano vive una tensión constante entre dos fuerzas:
El deseo de progreso y el valor de la tradición.
Por un lado, busca crecer, mejorar su calidad de vida y avanzar. Por otro, mantiene una fuerte conexión con la familia, las costumbres y las creencias que le dan estabilidad.
Esta dualidad define cómo consume, cómo decide y cómo conecta con las marcas.
Los valores que definen al consumidor colombiano
El estudio identifica cuatro grandes valores que atraviesan el país:
Abiertos, dispuestos al cambio y a nuevas posibilidades.
Tradicionales, con fuerte arraigo a sus costumbres.
Empáticos, centrados en las relaciones humanas.
Encausados, orientados al esfuerzo y al progreso.
A esto se suman atributos como resiliencia, creatividad, optimismo y orgullo, que hacen del consumidor colombiano un perfil emocional pero aspiracional.
Bogotá: progreso y visión global
Bogotá se percibe como la ciudad de las oportunidades.
El consumidor bogotano valora la eficiencia, el aprendizaje y el acceso a tendencias globales. Es racional, informado y orientado al logro.
Las marcas conectan mejor cuando proyectan innovación, liderazgo y soluciones prácticas para la vida cotidiana.
Medellín: disciplina y orgullo por el logro
La identidad paisa está marcada por el esfuerzo.
El consumidor en Medellín valora la disciplina, la creatividad y el crecimiento personal. Existe un fuerte orgullo por lo construido y una conexión con la familia.
Las marcas que hablan de progreso, ingenio y resultados generan mayor afinidad.
Cali: emoción y búsqueda de experiencias
Cali es intensidad.
El consumidor caleño se caracteriza por su expresividad, optimismo y conexión emocional con el entorno. Busca disfrutar el presente y vivir experiencias.
Las marcas conectan cuando transmiten energía, cercanía y autenticidad.
Barranquilla: alegría y apertura
En la Costa Caribe, especialmente en Barranquilla, el consumo está ligado a la emoción.
Los consumidores valoran la espontaneidad, la diversión y la conexión social. También muestran apertura a nuevas tendencias.
Las marcas que proyectan cercanía, modernidad y optimismo logran mayor impacto.
Cartagena: aspiración y reconocimiento
Cartagena combina tradición con ambición.
El consumidor busca diferenciarse, proyectar éxito y vivir experiencias que refuercen su identidad.
Las marcas encuentran oportunidades al comunicar prestigio, autenticidad y estatus.
Santa Marta: bienestar y conexión humana
Santa Marta refleja equilibrio.
Los consumidores valoran la naturaleza, la diversidad y las relaciones humanas. Buscan experiencias que aporten conocimiento y bienestar.
Las marcas conectan desde la cercanía, la comunidad y el propósito.
Qué significa esto para las marcas
El error más común es hablarle a “Colombia” como un todo.
Las marcas que realmente conectan entienden que cada región tiene códigos culturales distintos. Adaptar el mensaje no es perder identidad, es ganar relevancia.
Qué conecta a las marcas con el consumidor colombiano
Según Kantar, los atributos con mayor potencial de conexión son:
Determinación, confianza, modernidad, energía positiva, cercanía y autenticidad.
Las marcas que logran reflejar estas cualidades, mientras reconocen la importancia de la familia y la comunidad, fortalecen su relación con el consumidor.
El rol estratégico de la marca país
Desde el Consorcio Nacional de Medios (CNM), entendemos que la marca país no se construye desde lo superficial, sino desde el entendimiento profundo del consumidor. Integrar datos culturales y comportamientos regionales permite desarrollar estrategias más relevantes y efectivas.
Conclusión
Colombia no es un solo mercado.
Es una suma de identidades.
Las marcas que entienden estas diferencias no solo conectan mejor, construyen relaciones más sólidas y sostenibles en el tiempo.





